miércoles 23 de marzo de 2011

OTRO LIBRO

Parece que últimamente la moda oriental me está pegando. De hecho, en las mesas de las librerías aparecen varios libritos de una misma colección (editorial Salamandra, colección Letras de Bolsillo) con propuestas similares.En un post anterior hablé de Cometas en el cielo. Esta vez el autor es francés, Philippe Claudel, pero el protagonista no. La novela, pequeña, dulce, bonita, se llama La nieta del señor Linh, y habla de un inmigrante ¿vietnamita? en París, un viejo que lo único que ha podido rescatar de su tierra arrasada es su pequeña nieta. Hay una ciudad inmensa y amenazante, un amigo inesperado, un dolor terrible, una esperable barrera idiomática y una historia chiquita escrita en frases breves, de ritmo austero. Copio un fragmento, prácticamente al azar:

El anciano piensa en todo eso. Sentado en ese banco que en sólo dos días se ha convetido en un pequeño rincón familiar, un maderoflotante al que se hubiera agarrado en medio de una ancha, turbulenta y extraña corriente. Ycon su cuerpo calienta el último brote de la rama, que de momento duerme sin temor, melancolía ni tristeza, con ese sueño de criatura ahíta, feliz de sentir la calidez del ser querido, su tibia suavidad y el arrullo de una voz acariciante.


El fragmento sigue la vieja regla del tres: tres adjetivos, tres sustantivos, tres construcciones con prácticamente los mismos modificadores. No es un gran hallazgo estilistico, pero es efectivo.

El inicio tiene la misma estructura:

Un anciano en la popa de un barco. En los razos sotiene una maleta ligera y a una criatura todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas.

El autor es guionista y acá se nota. Puesta en situación, presentación del personaje principal y listo. El segundo párrafo es la descripción de una escena típica de película típica (me hace acordar a aquella en la que Gardel canta Volver, aunque aquí es al revés: eso en el cine no se nota):

De pie en la cubierta, ve alejarse su país, el país de sus antepasados y sus muertos, mientras la criatura duerme en sus brazos. El país se aleja, se hace infinitamente pequeño, y el señor Linh lo ve desaparecer en el horizonte durante horas, pese al viento que sopla y lo zarandea.

Me pareció una buena muestra de cómo, con materiales que están a la mano, ahí a la vista, sin demasiadas pretensiones ni rebuscamiento, se puede ser altamente efectivo. Y contar una historia que se lee por el placer de dejarse contar una historia

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